jueves, 2 de julio de 2009

El sabio recuerdo...

Un recuerdo distorsionado porque así se me antoja. Creo que si me concentro puedo escuchar tu respiración a tan sólo milímetros, y ver tu sonrisa infinita, y sentir tus miradas. Te recuerdo fantasma, parece que nunca existimos, que nunca fuimos parte de la misma historia. Revuelvo mis entrañas pero no consigo más que vacíos, blancos, y negros. Suspiro y pienso: parece mentira. Una vieja bruja juró tirar mis recuerdos al burato do inferno, y por mucho que intento recuperarlos hay algo que no me deja. Y te puedo asegurar que en mis ojos no se reflejaba felicidad, sino resignación, autoengaño oprimiéndome el alma. No pienso, no actúo, no existo. Parece que el pasado me ha sido confiscado, prohibido mirar atrás, prohibido entrar en mi vida.
Hoy encontré la gran afirmación entre mis apuntes de filosofía: si no hay melancolía, no hay creación. Y entre mis textos y pre-textos, te encontré hecho fantasma, producto de mi melancolía. Recuerdo cuando te sujetaba mientras mirabas al fondo del burato do inferno, sentía como tu miedo me robaba minutos de vida, se me aceleraba el corazón y rogaba a Dios que no dejara que te perdieras en la oscuridad. Me sudaban las manos, y me temblaban los labios, sentía el vértigo como el deseo insuperable de caer, hasta que de pronto desprendí una lágrima y tus palabras me sobresaltaron:
-¿Eeh!? ¿Qué haces? Suéltame ya, me haces daño!
-oh, Dios mío, perdona, pensaba que todavía estabas… ahí… mirando el vacío, y no quería que…
No agarraba su cuerpo, agarraba su alma, sentía que se iba obedeciendo a mi propósito, aunque la manía de autoengañarme espesara mis recuerdos y los convirtiese en la razón para seguir. En el camino a casa perdiste una camiseta y algo más, poco a poco te ibas destruyendo, tan sólo a unos meses del final.
Dicen que lo que solo ocurre una vez es como si no hubiera ocurrido nunca, y la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia. Ahora, es hora de dormir.